¿Mis mañanas? Caos mezclado. Fruta. Yogur. Cojones. Zumbido de la licuadora.
Pero luego comencé a cavar. Recetas de Dallas de cincuenta años. Buscando chuletas de cerdo. En su lugar encontré pastel de café.
Ya tenemos un favorito de la familia. Está en mi primer libro. Sabía muy bien entonces. Sabe muy bien ahora. Sin embargo, esta vez la luz del verano golpeó de manera diferente. Lento. Perezoso. No hay prisa por llegar a la oficina, a la escuela o a cualquier lugar al que la gente vaya con prisa. Quería algo pesado. Algo real.
¿Por qué comer aire cuando puedes comer sustancia?
Empecé a escribir el borrador de la receta. De repente. La página se oscureció. Un muro de pago. O al menos una petición a favor. “Contenido premium”, exigía la pantalla. $25 al año para mantener vivo a Homesick Texan. Eso es menos de un café con leche al mes. Quizás debería pagar. Apoye la máquina. Lea los secretos completos de los muffins.
¿Si ya estoy dentro? Quizás inicie sesión. A ver si el muffin de salvado de arándanos vive detrás de esa puerta. O tal vez simplemente esperar al próximo domingo lento.
Internet exige homenaje. Le damos dólares. O clics. Generalmente dólares.
¿Extraño la web gratuita? Un poco.
La receta está ahí. Espera. O encerrado.
Es difícil de decir.
