Durante generaciones, hacer latkes (tortitas de patata) ha sido una batalla en la cocina contra el exceso de humedad. El método tradicional exige exprimir incesantemente patatas y cebollas ralladas, un proceso doloroso y rompedor que muchos temen. Pero ¿y si hubiera un atajo simple? Hay.
El problema de los latkes tradicionales
Los latkes se deshacen cuando están demasiado mojados. El exceso de humedad impide que se dore adecuadamente y crea panqueques rotos y empapados. ¿La solución estándar? Aprieta hasta que te duelan las manos o construye elaborados sistemas de tensión. Este enfoque funciona, pero está lejos de ser eficiente.
El truco de los ingredientes de la despensa
La solución reside en un ingrediente sorprendente: el almidón de patata. En lugar de angustiarse por eliminar al máximo la humedad, simplemente exprima la mezcla de papa rallada y cebolla lo suficiente para que se seque casi por completo, luego agregue una pequeña cantidad de almidón de papa. El almidón unirá la humedad restante, lo que dará como resultado latkes más crujientes y estructuralmente más sólidos.
Cómo funciona: la ciencia del almidón
El almidón de patata actúa como agente espesante, absorbiendo agua y proporcionando una unión adicional. Este es el mismo truco que utilizan algunos chefs que recuperan el almidón que queda en el líquido de papa escurrido y lo vuelven a agregar a la mezcla. El uso de almidón de despensa preexistente agiliza el proceso. La maicena puede funcionar en caso de necesidad, pero la fécula de papa ofrece el mejor resultado.
La línea fina: evitar los Latkes de goma
El truco no consiste en eliminar por completo la compresión; se trata de minimizarlo. Agregar demasiado almidón da como resultado panqueques densos y gomosos. La clave es hacerlo con mano ligera. Comience con una pizca pequeña, mezcle bien y agregue más solo si es necesario. El objetivo es complementar la compresión, no reemplazarla por completo.
Este método no producirá los mejores latkes jamás creados, pero ofrece resultados más que suficientes cuando hay poca energía. Es una solución pragmática para el cocinero que prioriza la eficiencia sobre la perfección y, a veces, eso es todo lo que importa.



















