Existe una división cada vez mayor en la forma en que los jóvenes ven el futuro de la familia. Entre las personas de entre 18 y 34 años sin hijos que desean tener hijos, hay aproximadamente 5 millones más de hombres que de mujeres. Si bien muchos hombres jóvenes ven la paternidad como una piedra angular del éxito y la masculinidad, muchas mujeres de la Generación Z ven la maternidad a través de una lente de vacilación, incluso de evitación.

Esto no es simplemente un cambio en las preferencias personales; es una respuesta a un desequilibrio sistémico en cómo se distribuye el trabajo doméstico y emocional. Para muchas mujeres, el “sueño” de tenerlo todo ha sido reemplazado por la realidad de hacerlo todo.

La “pena de maternidad” y la carga mental

Durante décadas, la promesa a las mujeres fue que podrían “tenerlo todo”: una carrera y una familia. Sin embargo, los datos sugieren que el costo de esta actividad es desproporcionadamente alto para las mujeres.

  • La brecha económica: La “pena por maternidad” sigue siendo una realidad. Si bien los hombres suelen ver un impulso en el empleo después de convertirse en padres, las trayectorias profesionales de las mujeres con frecuencia se estancan o declinan después del parto.
  • La carga mental: Más allá de las tareas físicas, las mujeres realizan el “trabajo cognitivo”: el trabajo invisible de administrar el hogar, desde programar citas médicas hasta seguir los calendarios escolares.
  • El doble turno: Incluso en los hogares donde la mujer es el principal sostén de la familia, a menudo continúa realizando la mayoría de las tareas domésticas y el cuidado de los niños.

“La maternidad parece la antítesis de lo que hemos aprendido sobre la autonomía corporal… la idea de quedar embarazada en un mundo que continúa restando prioridad a la salud de las mujeres parece aceptar la mentira más antigua: las mujeres son tan esenciales como sus úteros”.

Una desconexión en la percepción

Un factor importante de esta división es cómo los hombres y mujeres jóvenes perciben la esfera doméstica. Las investigaciones sugieren una “brecha de percepción” basada en cómo se socializa a los niños:

  1. Diferencias de observación: Las niñas a menudo crecen observando el trabajo doméstico de sus madres como un modelo para su propio futuro, mientras que los niños a menudo no se dan cuenta del alcance de ese trabajo.
  2. El fenómeno del “mantenimiento”: Muchas mujeres de la Generación Z afirman sentir que ya están “criando” a sus parejas: gestionando sus vidas sociales, limpiando sus cosas y proporcionando regulación emocional. Este “mantenimiento” sirve como un anticipo del trabajo requerido en el matrimonio, lo que lleva a muchos a concluir que la paternidad real sería una carga insostenible.
  3. Valores divergentes: Mientras que los hombres jóvenes a menudo priorizan el estatus financiero como una métrica clave de deseabilidad, las mujeres de la Generación Z priorizan cada vez más la amabilidad, la honestidad y la responsabilidad doméstica compartida.

Cerrar la brecha: más allá de “ayudar”

Si el objetivo es abordar la caída de las tasas de natalidad y estabilizar la unidad familiar, la solución no puede ser puramente financiera. Si bien el alto costo del cuidado infantil es una barrera enorme, el contrato social de la crianza de los hijos requiere un rediseño fundamental.

Para cerrar la brecha de aspiraciones, los expertos sugieren varios cambios en la forma en que la sociedad aborda la paternidad:

  • Redefinición de “Proveer”: La masculinidad debe expandirse más allá de la contribución financiera para incluir la presencia emocional y la coherencia doméstica.
  • Apoyo estructural: Estados Unidos sigue siendo un caso atípico entre los países desarrollados al carecer de una política federal de licencia parental remunerada. Estas políticas son cruciales para permitir que los padres desarrollen confianza en sus funciones de cuidado desde el primer día.
  • Socialización temprana: En lugar de enseñar a los hijos a “ayudar” con las tareas del hogar, la atención debe centrarse en criar a todos los niños con la misma comprensión de la administración del hogar.

Conclusión

La vacilación que sienten las mujeres de la Generación Z hacia la maternidad no es un rechazo a los hijos, sino un rechazo a un contrato social injusto. Para que la paternidad se convierta en una aspiración compartida en lugar de una carga de género, la definición de paternidad debe evolucionar de “ayudar” a una verdadera paternidad compartida.