La reciente confrontación entre Kaitlan Collins de CNN y el presidente Trump subrayó algo más que la tensión política; mostró una clase magistral sobre resiliencia no verbal. Si bien la respuesta agresiva de Trump a una pregunta sobre las víctimas de Jeffrey Epstein provocó indignación, el lenguaje corporal de Collins reveló tácticas cruciales para sortear interacciones hostiles. Según la experta en lenguaje corporal Patti Wood, Collins demostró comportamientos que son útiles en cualquier situación en la que te desafíen agresivamente.
El poder de la postura
Una de las fortalezas más inmediatas que Collins mostró fue su postura erguida. La investigación de Psychological Science confirma que las “posturas expansivas” (mantenerse erguido y mantener una presencia fuerte) se correlacionan con una mayor confianza y apetito por el riesgo. A diferencia de muchos que podrían encogerse bajo presión, Collins se mantuvo firme, sin inclinarse hacia atrás en señal de sumisión ni hacia adelante en actitud agresiva. Wood observa que esto es un contraste deliberado con las posturas impulsadas por el miedo que se ven en muchas conferencias de prensa.
Mantener el control vocal
Durante el intercambio, la voz de Collins se mantuvo notablemente firme a pesar del aluvión de críticas. Un indicador clave de fortaleza radica en cómo hablas, no solo qué dices. El habla rápida, los tonos temblorosos o las pausas excesivas delatan vulnerabilidad. Collins evitó estos escollos y mantuvo su voz uniforme y consistente. Esta conducta regulada es una clara señal de control, incluso bajo una presión intensa.
Desescalada sin represalias
Collins también empleó tácticas sutiles para reducir la tensión. Wood señaló que Collins usó amplios gestos con las manos que intuitivamente buscaban calmar a Trump, en lugar de reflejar su hostilidad. Estos movimientos, realizados con fluidez y fuerza, indicaban confianza sin intensificar la confrontación. La clave es proyectar compostura, no reaccionar impulsivamente.
Dejar que los agresores se revelen
Finalmente, el intercambio destacó el patrón predecible de ataque de Trump cuando se siente desafiado. Los expertos señalan que su comportamiento –incluido el entorno (un escritorio en la Oficina Oval rodeado por un equipo)– desafía el tradicional decoro presidencial. En este caso, Collins permitió que Trump expusiera sus propios patrones y, al hacerlo, demostró su capacidad para permanecer centrado en el fondo de la cuestión, incluso bajo un ataque personal.
“Un perro atropellado gritará”. Esta dinámica es un recordatorio de que los agresores suelen revelarse más claramente cuando se les presiona.
El intercambio sirve como lección práctica: al controlar la postura, la voz y la reacción, los individuos pueden resistir el comportamiento agresivo sin intensificar el conflicto. La verdadera conclusión no es el contexto político, sino las herramientas psicológicas demostradas para manejar la confrontación con fuerza y compostura.




















