La capacidad del gobierno de Estados Unidos para monitorear y adquirir datos de plataformas de redes sociales es una realidad cada vez mayor, aunque el alcance de esta vigilancia sigue teniendo matices. Si bien la supresión directa y generalizada de la disidencia no es la norma, las citaciones administrativas y los vacíos legales permiten a las agencias federales acceder a la información de los usuarios con relativa facilidad. Esto plantea preguntas críticas sobre la privacidad, la libertad de expresión y la evolución de la relación entre los ciudadanos y su gobierno en la era digital.

Cómo obtiene el gobierno los datos de las redes sociales

Las agencias federales, incluido el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), están aprovechando cada vez más las citaciones administrativas para obligar a las empresas de redes sociales a entregar los datos de los usuarios. Estas citaciones no necesariamente requieren supervisión judicial, lo que significa que las empresas pueden cumplir sin una orden judicial. Mientras algunas empresas se resisten, otras han cooperado, como lo demuestra el suministro anterior de datos de usuarios por parte de Google después de una citación, aunque luego fue retirada.

La base legal para este acceso se basa en un precedente judicial de décadas de antigüedad: las personas generalmente pierden sus expectativas de privacidad cuando comparten datos con servicios de terceros. Los términos de servicio de las empresas de redes sociales habitualmente les otorgan amplios derechos para revelar información de los usuarios a entidades gubernamentales, una realidad que la mayoría de los usuarios aceptan sin leer la letra pequeña. Estos términos también se actualizan con frecuencia para alinearse con las agendas políticas cambiantes.

El riesgo para las personas

La posibilidad de que el gobierno se extralimite es real, aunque las prioridades de cumplimiento dictan quién está en mayor riesgo. Si bien la vigilancia masiva de las voces críticas no es sistémica, las personas que expresan amenazas contra funcionarios federales o que pertenecen a categorías vulnerables (inmigrantes indocumentados, por ejemplo) pueden enfrentar un mayor escrutinio.

Los expertos señalan que el enfoque del gobierno sigue siendo el terrorismo, la ciberseguridad y la trata de personas; Las críticas a la administración por sí solas rara vez desencadenan acciones a menos que se conviertan en amenazas creíbles. Sin embargo, la tendencia hacia una mayor aplicación de la ley durante la última década es innegable.

La ilusión de la privacidad

La moderna economía de la vigilancia hace que el anonimato total sea prácticamente imposible. El gobierno ya aprovecha enormes flujos de datos a través de intermediarios y relaciones contractuales con empresas de tecnología. Los agentes de la Patrulla Fronteriza registran habitualmente los teléfonos de los viajeros, erosionando aún más la privacidad en los puntos de entrada.

Como dice sin rodeos un experto: “el caballo ha salido del establo”. Décadas de entrega voluntaria de datos personales a cambio de servicios gratuitos han creado un sistema maduro para la explotación gubernamental.

¿Qué puedes hacer?

La forma más eficaz de evitar la vigilancia gubernamental en las redes sociales es abstenerse por completo. Sin embargo, los expertos también sostienen que el silencio no siempre es la respuesta. Para aquellos que no están en peligro inmediato, hablar en contra de las tendencias autoritarias es crucial para generar resistencia y señalar oposición.

En última instancia, el debate sobre el acceso de los gobiernos a las redes sociales se reduce a un equilibrio fundamental: conveniencia y conectividad versus erosión de la privacidad en un mundo cada vez más monitoreado. La elección, por ahora, queda en manos del individuo.