Virgil Abloh no fue sólo un diseñador. Fue un emprendedor que transformó el panorama de la alta costura. La mayoría de la gente lo conoce como el fundador de Off-White. O por su histórico papel como director creativo de la moda masculina de Louis Vuitton. Ese título importaba. Fue la primera persona de color en poseerlo.
Pero su verdadera innovación fue conceptual. No se limitó a hacer ropa. Fue curador de cultura.
Se inspiró en todas partes. Música. Historia. Arquitectura. Tomó estas ideas existentes y las remezcló. No fue un robo. Fue la traducción. Abloh a menudo comparaba su proceso con el muestreo de hip-hop. Tomas un ritmo de una pista y construyes algo nuevo. O como Marcel Duchamp. El artista francés que miró un objeto cotidiano y lo declaró arte. Un urinario. Una rueda de bicicleta.
Abloh hizo lo mismo con la moda. Tomó lo mundano. Los industriales. El histórico. Y lo designó como lujo.
Este enfoque cambió la forma en que vemos las marcas de diseñador. No se trataba de perfección. Se trataba de perspectiva.


















