Kaia Gerber, la modelo y actriz de 24 años, ha hablado con franqueza sobre su educación con la madre supermodelo Cindy Crawford, en particular su exposición a fotografías de su madre desnuda cuando era niña. En un reciente artículo de portada de Harper’s Bazaar, Gerber explicó que estas imágenes eran comunes en su casa, “cubriendo las paredes”, pero nunca las percibió como vulgares u objetivantes. En cambio, los describió como artísticos y una parte natural de crecer en un hogar que rechazaba la vergüenza en torno al cuerpo femenino.
Una infancia sin vergüenza
La perspectiva de Gerber destaca un esfuerzo deliberado por normalizar la desnudez y la aceptación del cuerpo dentro de su familia. Este enfoque contrasta con normas sociales más amplias donde los cuerpos femeninos a menudo están sexualizados u ocultos. La educación de Gerber también estuvo marcada por una infancia relativamente normal fuera de la fama de su madre. Asistió a una escuela pública, participó en teatro, coro y danza, e incluso memorizó partituras musicales completas a los nueve años.
Anécdotas de Hollywood
Gerber ha compartido previamente otros detalles inusuales de su infancia en Los Ángeles. En un caso, su madre la preparó para un desfile de moda reproduciendo vídeos recopilatorios de modelos cayendo. Otra experiencia memorable fue tener a Pamela Anderson como su guardia de cruce de la escuela primaria, con todo y un chaleco de seguridad amarillo. Estas anécdotas describen una educación impregnada de la cultura de las celebridades pero basada en las experiencias cotidianas.
Redefiniendo el estado del icono
La comprensión de Gerber sobre el estatus de ícono de su madre evolucionó a medida que maduró. Ver el documental de Apple TV+ The Super Models le hizo comprender plenamente la magnitud del legado de Cindy Crawford. Expresó sentirse deslumbrada por su propia madre después de darse cuenta de la profundidad de su impacto.
Estableciendo límites a través de la transparencia
La discusión sobre las fotos de desnudos no se presenta como una revelación impactante sino más bien como una declaración de límites. Gerber deja claro que su familia nunca trató el cuerpo femenino como algo que ocultar y que no tiene ningún interés en reinterpretar esa realidad. Este enfoque subraya un rechazo a los tabúes sociales que rodean la desnudez femenina y una celebración de la aceptación del cuerpo.
“No fue vulgar, no fue cosificación… fue un regalo crecer en una casa sin vergüenza para el cuerpo femenino”.
Esta perspectiva es una respuesta directa a los estándares a menudo restrictivos de la industria y un testimonio de una infancia que priorizó la apertura y la autoaceptación.
